El legado del liberalismo teológico

James D. Heidinger II

James D. Heidinger II

Por James D. Heidinger II

Recientemente en un escrito de la conferencia un pastor presentó una defensa del metodismo unido ante ser considerada una denominación “liberal”. El insistió que la “palabra L” no es mala. Como apoyo citó al diccionario Webster donde define la palabra liberal  como “ser generoso, dadivoso y de una mentalidad abierta, etc.”

Tal manera de pensar tan simplista nos compela reexaminar el liberalismo teológico para ver de dónde procede, lo que afirma y lo que no afirma. Definitivamente, las presuposiciones y principios del liberalismo siguen vigentes dentro del metodismo unido.

La mayor parte del laicado tiene poco interés en la teología liberal. Cuando escuchan que se predican formas modernas del liberalismo, las reciben de manera favorable, “Ese sermón era profundo. Pero no estoy seguro que le entendí. No lo capté.”

Pero si las últimas tres décadas les han enseñado algo a las iglesias tradicionales es la bancarrota total del liberalismo teológico. Aceptando esto será una clave importante para la renovación de las iglesias tradicionales.

Las raíces de la fe liberal

El liberalismo comenzó a difundirse entre las iglesias americanas por el año 1880. Trajo grandes cambios a las iglesias cristianas en América durante los primeros 30 años del siglo 19- un período cuando una ola de pensamiento secular inundaba ideas tradicionales americanas.

El liberalismo teológico era el sistema religioso que se mezclaba con la nueva cosmovisión científica de los últimos años de siglo 19. La nueva ciencia declaraba que todos los eventos se podían explicar por medio de las leyes universales de causa y efecto así no dejando lugar para eventos únicos o para la revelación divina. Todo los datos deben someterse a pruebas empíricas para la verificación, así lo instaba. El liberalismo fue esencialmente, entonces, el movimiento que acopló la fe cristiana a los axiomas anti-sobrenaturales.

El primer paso en este acoplamiento fue establecer ciertas doctrinas. El decano de Harvard Willard Sperry caracterizó el liberalismo como la religión “sí, pero”. Diría, “sí, yo creo en la deidad de Cristo, pero el lenguaje de Calcedonia ha venido a ser insignificante. Debemos re-definir la doctrina para hacerla inteligible para nosotros los que vivimos en el siglo 20. Sí, yo creo en el Nacimiento Virginal de Cristo, pero con esto quiero decir…” Y así sigue el asunto.

Mientras que negaba principios básicos del cristianismo histórico, el liberalismo de hecho se consideraba como una ayuda para preservar el cristianismo tradicional haciéndolo relevante para el hombre moderno. Kenneth Kantzer dijo que el liberalismo religioso era un intento de actualizar “una antigua y amada religión para que pudiera sobrevivir en el mundo moderno.”

Principios del liberalismo teológico

Durante la primer tercera parte del siglo, el liberalismo chocó con el pensamiento evangélico. Podemos ver por qué al considerar las creencias básicas de la fe liberal:

  1. El carácter de Dios es un de absoluta benevolencia- sin ira. Todas las personas son hijos de Dios, el pecado no separa a nadie de su amor.
  2. Existe una chispa divina en cada hombre y cada mujer. Por lo tanto, todos son buenos de corazón y solo necesitan estímulo y cultivo para que el bien natural en ellos se exprese.
  3. Jesucristo es Salvador solamente en el sentido que él es nuestro maestro y ejemplo perfecto. Él no fue divino en ningún sentido único. El tampoco nació de una virgen ni hizo milagros, ni tampoco se levantó de los muertos.
  4. Así como Cristo no se distingue de otros hombres excepto en comparación, y no absolutamente, así tampoco el cristianismo se distingue de otras religiones. Sencillamente predomina entre las religiones del mundo, las cuales emanan de la misma fuente básica. Por tanto, las misiones no deberían tener como objetivo la conversión sino en su lugar promover una polinización cruzada de ideas para el enriquecimiento mutuo.
  5. La Biblia no es un registro divino de la revelación, sino un registro humano de las experiencias religiosas de una nación. Por tanto, son pocas las declaraciones o credos que sean esenciales para el mensaje del cristianismo. Las únicas cosas inmutables del mensaje cristiano son sus enseñanzas morales y éticas.

 La Negación de la ortodoxia

Una importante característica de las doctrinas liberales ha sido que son en su mayoría negaciones- es decir, declaraciones de lo que el liberalismo no cree acerca de la ortodoxia tradicional. El liberalismo casi siempre se auto-define en comparación al cristianismo histórico.

Considere por un momento los argumentos citados arriba como negaciones. Toda persona le pertenece a Dios y ninguno se perderá. Por tanto, el universalismo es afirmado y la necesidad de la salvación es negada. El hombre y la mujer son esencialmente buenos y por lo tanto, no pecadores (negando el pecado original). Jesús fue solo un hombre como cualquiera y no murió por nuestros pecados (el Nacimiento Virginal, el sacrificio expiatorio, la deidad y la resurrección de Cristo son negadas). El cristianismo no es único, solo un poco más desarrollado que otras religiones (el mandato misional es negado). Y la Biblia es solo un registro humano, no la Palabra revelada de Dios (la autoridad de la Escritura es negada).

El impacto en el cristianismo americano

El liberalismo teológico estaba eufórico a principios de este siglo porque creía estar en la cresta de la ola intelectual del futuro- y lo estaba. Creía poder librarse de la cosmovisión restrictiva y anticuada de la Iglesia cristiana y así prepararla para la nueva era de oro.

Así que, como estrategia de personas bien intencionadas dentro de la iglesia, el liberalismo buscó atraer gente al cristianismo acomodando el Evangelio a la sabiduría y perspectiva secular y científica del hombre moderno.” Estaba decidido a preservar y fortalecer el cristianismo. Desafortunadamente, el impacto fue justamente lo opuesto ya que el liberalismo devastó la vitalidad de la Iglesia Cristiana en América.

J. I. Packer, una teólogo y autor anglicano contemporáneo, resumió el impacto desastroso que el liberalismo tuvo en la fe evangélica, diciendo “el liberalismo borró completamente el evangelio de la redención sobrenatural del pecador… Redujo la gracia a naturaleza, la revelación divina a reflexión humana, la fe en Cristo a seguir su ejemplo, y recibir la nueva vida a simplemente voltear la hoja.”

El liberalismo estaba decidido a borrar del cristianismo los elementos sobrenaturales (milagros, la Resurrección, etc.) que muy bien pudiera causar desconcierto en la persona que anda en una búsqueda sincera. Y lo consiguió.

Lo que me preocupa de todo esto es lo mucho que esto suena como una teología moderna de hoy. Los estudiantes de nuestros colegios y seminarios de la denominación a menudo cuentan toparse con estas mismas negaciones en sus clases. Y algunos años atrás la revista de nuestra denominación publicó un artículo en el que el autor/teólogo recomendaba que nos olvidásemos de los aspectos problemáticos del cristianismo como los milagros de Jesús, su deidad y resurrección. El autor sugirió que solo nos enfocásemos en las enseñanzas éticas del cristianismo porque ellas son lo más importante. ¡Ay, la generación actual está parada sobre los hombros de la anterior!

Una benevolencia continua

A veces me asombra cuán paciente es la Iglesia hacia el liberalismo y su linaje de ideas subsecuente. (Yo entiendo que ha habido tiempos de hostilidad como durante la controversia Fundamentalista/Modernista en los 1920s y 1930s.) Pero últimamente, parece que hemos venido a ser pacifistas teológicos, ya no asombrados ni ofendidos por las distorsiones teológicas no obstante cuán extrañas sean. Tranquilamente y con benevolencia discutimos el liberalismo o sus últimos derivativos como si estuviésemos discutiendo el Sermón del Monte, sin darnos cuenta que en el liberalismo, el cristianismo histórico ha sido destripado.

Aunque estas personas tienen buenas intenciones, aquellos que reducen la fe para hacerla más aceptable a la mente moderna no le hacen ningún favor a la Iglesia. El liberalismo en sus varios tonos sigue siendo un cristianismo debilitado- el resultado patético de hombres y mujeres pecadores quienes, en su búsqueda de la autonomía intelectual, harían al ser humano la medida de todas las cosas. Es el punto intermedio entre la fe y la incredulidad, entre el cristianismo y el secularismo.

Uno escucha a Dorothy Sayers implorando, “No le haces a Cristo ninguna honra ‘diluyendo su personalidad’ para que no te ofenda. Si el misterio del “drama divino” en que Dios encarnó en Cristo te escandaliza y ofende a los creyentes, “que se ofendan.’”

Mientras que nuestra sociedad sea libre, siempre tendremos en nuestro medio aquellos que quieran mejorar el cristianismo re-estructurándolo. Sin embargo, estemos percatados de cuándo está sucediendo esto.

Mientras tanto, ofrezcamos con denuedo y sin temor la Palabra revelada de Dios a un mundo incrédulo. No nos encojamos de miedo ante la burla de los intelectuales sofisticados para quienes la palabra de la cruz sigue siendo una reprensión. Seamos obreros “que no tienen de qué avergonzarse.” Proclamando el Evangelio sin disfraces, revisiones, o adendas de eruditos. Tengamos el testimonio de su Espíritu para que en verdad prediquemos “con demonstración del Espíritu y de poder.” (I Cor. 2:4)

James V. Heidinger II es presidente y editor emérito de Good News. Este artículo apareció originalmente en la revista de Good News de noviembre/diciembre 1990.

Comments

  1. Comparto las ideas del autor y reconozco que podemos acostumbrarnos a las ideas liberales sin oponer resistencia. Dirijo una institución de educación superior con tres mila alumnos y dentro de nuestro plan maestro espiritual consideraremos una cerrada defensa a los principios inalienables de la fe cristiana.
    Muchas gracias por compartir tan buen documento. Me gustaría que alguien me alcance un estudio de cómo los seminarios teológicos se han visto afectados dentro de las universidades cristianas por esta ola de liberalismo y secularismo
    Muchas gracias
    Dr Juan Choque

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